Crear desde el ser: una forma distinta de acercarse al malestar
En Granada, cada vez es más visible cómo el malestar emocional adopta formas diversas: ansiedad sostenida, dificultad para parar, autoexigencia constante o una relación compleja con la salud integral, que deriva en muchos casos en agotamiento psíquico/emocional y físico.
A veces, puede tomar forma como trastorno de la conducta alimentaria (TCA).
Otras, como una sensación persistente de no llegar, de tener que hacerlo mejor, de no poder soltar el control.
Más allá de las etiquetas, muchas de estas experiencias comparten un mismo fondo:
una forma de sostener lo que en algún momento fue difícil de integrar.

Cuando el control organiza… y también limita
En los procesos que acompaño —tanto en sesiones individuales como en proyectos grupales de arteterapia en Granada y Málaga— aparece con frecuencia una tensión entre el deseo de control y la necesidad de descanso.
Personas que funcionan, que sostienen, que cumplen…
Pero a costa de una exigencia interna muy alta.
En algunos casos, esto se expresa a través de la relación con la comida o el cuerpo.
En otros, a través de patrones más invisibles: insomnio, pensamiento obsesivo, perfeccionismo rígido o dificultad para tolerar la incertidumbre.
Lejos de entender estos procesos como fallos, es posible mirarlos como intentos —a veces muy sofisticados— de autorregulación.

El cuerpo: no como problema, sino como lugar de escucha
Desde enfoques clásicos como el de Wilhelm Reich, sabemos que el cuerpo no es solo un lugar donde “pasan cosas”, sino un sistema vivo que busca constantemente el equilibrio.
Incluso en situaciones de bloqueo o desconexión, hay una tendencia interna hacia la regulación.
El problema no es tanto que el cuerpo falle, sino que muchas veces hemos aprendido a desconectarnos de sus señales.
Por eso, en lugar de intervenir de forma directa sobre el cuerpo, en muchos procesos terapéuticos se hace necesario crear condiciones para que esa autorregulación pueda reaparecer.

¿CÓMO? Crear como forma de reorganizar la experiencia
El origen de este texto nace de un proyecto de arteterapia que se está desarrollando actualmente en una unidad de día de TCA en Granada.
Un espacio grupal donde no se trabaja directamente sobre el síntoma, sino sobre aquello que sí está disponible: la capacidad de crear, de imaginar, de jugar, de probar sin hacerlo perfecto.
Desde las artes expresivas, el proceso creativo se convierte en un lugar donde:
- Reducir la autoexigencia
- Ampliar las formas de expresión
- Recuperar cierta espontaneidad
- Abrir la posibilidad de habitar la experiencia de otra manera
Como plantean autores contemporáneos como Cathy Malchiodi o Bessel van der Kolk, las experiencias creativas pueden favorecer procesos de integración sin necesidad de acceder directamente al contenido traumático.
Lo que sí estuvo: resiliencia y pulsión de vida
En lugar de centrarse únicamente en lo que falta o en lo que duele, este tipo de abordajes ponen atención en algo diferente:
lo que sí estuvo.
La capacidad de adaptación.
La creatividad.
Las formas en las que cada persona ha podido sostenerse y sobrevivir a su experiencia vital.
Desde esta mirada, la resiliencia no es algo extraordinario, sino algo que ya está presente, aunque a veces quede en segundo plano.
También aparece aquí la idea de pulsión de vida explicada ampliamente desde el psicoanálisis y la teoría psícondinámica: una fuerza que empuja hacia la conexión, el movimiento y la continuidad, incluso en contextos de dificultad.
El trabajo terapéutico, en este sentido, no consiste en “crear” algo nuevo, sino en facilitar que eso que ya existe pueda desplegarse.

Espacios donde no hay que hacerlo bien
Una de las cosas que más se repite en estos procesos es el alivio de no tener que hacerlo bien.
De poder probar sin saber.
De poder parar sin culpa.
De poder crear sin ser evaluado/a/e.
En los grupos de arteterapia con los que trabajo en Granada, orientados al fomento de la autoestima, la regulación emocional y la reconexión personal, este tipo de experiencias se vuelven centrales.
No como objetivo, sino como consecuencia de un espacio cuidado.
Volver a una/o misma/o, poco a poco
A veces no se trata de cambiar lo que ocurre de forma inmediata.
Se trata de generar un contexto donde algo distinto pueda empezar a suceder.
Un espacio donde la exigencia pierda un poco de fuerza.
Donde el cuerpo no tenga que defenderse tanto.
Donde la experiencia pueda reorganizarse sin presión.
Y, sobre todo, donde una persona pueda empezar a encontrarse consigo misma desde un lugar más amable.
